lunes, 28 de julio de 2014

La indefensión aprendida.

Hace poco compartí en mi Facebook, algo que generó mucho interés, se trataba de una entrada sobre la indefensión aprendida.

No sé si conocéis el concepto de “indefensión aprendida”; viene a describir, que cuando uno intenta algo muchas veces, con todo su entusiasmo y todos sus recursos y no lo consigue no sólo se frustra sino que además aprende algo sobre sí mismo y es “no soy capaz”; este “no soy capaz” se va impregnando cada vez más con los diferentes intentos frustrados y finalmente se tiene tan asumido que se acaba convirtiendo en un “no voy a intentarlo”. Esto tiene mucho sentido, ya que si yo lo he intentado tanto cómo podía y jamás ha dado resultado, si yo ya he comprendido que no soy capaz de hacer aquello ¿Por qué debería seguir intentándolo? ¿Para frustrarme cada vez más? ¿Para volverme a asegurar de qué realmente no soy capaz?

Este concepto tiene un calado muy importante, ya que a partir del momento en que uno empieza a considerarse a sí mismo incapaz, esto tiene repercusiones en su autoestima, su autoconcepto y en su motivación. (Es por esto, que se acaba recurriendo a no intentarlo: ya que si se sigue intentando, una vez tras otra esperamos encontrarnos con el fracaso y que de nuevo la autoestima, el autoconcepto y la motivación, salgan dañadas; en una estrategia por preservarlas, se deja de intentar).

Desgraciadamente esto es lo que aprenden muchos niños con problemas cuando sus problemas no son tratados; por ejemplo, un niño con problemas atencionales al que no se le da ninguna ayuda para mantener su atención fijada, o del que ni siquiera se llega a detectar que hay un problema atencional, no sólo se sentirá incapaz sino que además es muy probable que reciba comentarios negativos sobre su forma de ser, (ya que es probable que los otros le juzguen sin saber qué pasa realmente). En este caso deberemos pensar, que aquellos otros que le hacen comentarios están poniendo palabras (que pueden estar muy equivocadas) a su experiencia, y que el niño, que aún no tiene mucho recorrido, acogerá esas palabras para definir su experiencia y por tanto a sí mismo. En este ejemplo, no es difícil encontrar a niños con problemas de atención que han sido descritos por figuras que ellos consideraban importantes (cómo pueden ser maestros, compañeros, familiares…) cómo vagos. Aquellos que incorporan esto en su autoconcepto, pasan posteriormente a llamarse así ellos mismos, y esto puede ayudar a que posteriormente actúen de esa forma y se justifiquen a sí mismos mediante el autoconcepto “No, es que yo… soy un vago…”. Si os fijáis se acaba creando un círculo negativo muy difícil de romper, y cuanto más tiempo lleva “circulando” más complicado de romper es aún, ya que el niño incorpora cada vez más y más evidencias de que aquello es cómo cree que es (y cómo actúa en consecuencia a lo que cree).



Una de las preguntas que surgió a partir de esto iba relacionada con cómo evitar sentir la frustración que se genera: creo que el sentimiento de frustración cuando intentas algo con todas tus ilusiones y no te sale es inevitable. Lo que si podemos hacer es intentar que esta frustración se pueda usar de forma positiva, (para ayudar a mejorar y adquirir estrategias para luego poder hacer frente a aquella dificultad, más preparados y superarla) o ayudar a aceptar los límites propios, aceptar que no siempre se puede conseguir todo y ayudar a ver aquellas cosas que sí puede conseguir. Se optará por una opción o la otra dependiendo de la persona, de la situación, de aquello que le haya frustrado, del empeño que haya puesto…

Esto no sólo sucede en los casos de problemas de aprendizaje, también puede pasar en los niños con otros tipos de problemas, cómo pueden ser los problemas con el estado de ánimo, o los de comportamiento. Por ejemplo un niño que no es capaz de controlar su ira, y nadie le enseña formas de hacerlo que sean adecuadas para él, también puede llegar a pensar que jamás podrá controlarlo.

Cómo idea general, deberíamos hacer lo posible por que las personas no tuvieran que sentir-se indefensas frente a aquello que les sucede, y ayudarles a generar estrategias o soluciones; por ejemplo, en el caso de los problemas de aprendizaje las reeducaciones pueden ayudar mucho, y en el caso de los problemas de comportamiento, las terapias psicológicas pueden enseñar los recursos necesarios tanto a los niños cómo a sus familias. Ante cualquier duda siempre es mejor consultar cuanto antes, ya que si no es necesario no se debería iniciar ningún proceso terapéutico y si sí lo es, es mejor cuanto antes se inicie.

Me gusta mucho este vídeo que demuestra en muy poquito tiempo, los efectos de la indefensión aprendida en adolescentes. Espero que os guste.


Aunque en mi descripción me baso más en la infancia y en el vídeo en la adolescencia, la indefensión aprendida puede estar presente en todas las etapas de nuestra vida. Algunos adultos aún tienen algunas cosas que les limitan, algunas cosas de las que no se creen capaces, algunos límites creados en su mente y que no se atreven a superar.

Comparto también un cuento que habla sobre esto, a mí me encanta, espero que lo podáis disfrutar también mucho.


Anaïs Cerrillo.

El elefante encadenado.

Hoy os traigo un cuento que me encanta, es un cuento que habla sobre la indefensión aprendida, es un cuento de Jorge Bucay, que es un escritor que me encanta, y escribe cosas maravillosas.

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro...
Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...
Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de  estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.
Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos:
No puedo y nunca podré.
Jorge Bucay.

Os dejo también el enlace al vídeo: (por si no preferís el audio en vez de la lectura!).


Actividades que se pueden hacer en relación a la lectura.

(Será necesario adaptar las actividades al nivel de desarrollo y de introspección de las personas con las que las realizamos, pero en líneas generales aquí os propongo algunas sugerencias!):

1.- Pensar sobre qué les sugiere el cuento (se puede ayudar a buscar una palabra que resuma la esencia, hacer un pequeño resumen…).

2.- Ayudar a buscar ejemplos en su vida en los que les haya pasado algo similar a lo sucedido al pequeño elefante... incluso que cosas propiciaron que dejase de intentar estirar, que otras le animaban a seguir estirando,...

3.- Reflexionar sobre si esto podría suceder también a otras personas (se puede acompañar de ejercicios de empatía con personas cercanas en caso de que estén pasando por procesos de indefensión aprendida...).

Otras actividades para ayudar a disminuir la indefensión aprendida :

Hay muchas actividades que se pueden hacer para ayudar a los peques a ayudar a disminuir la indefensión aprendida, algunas son actividades que podemos llevar a cabo en casa, en familia, de forma lúdica y divertida y en algunos casos en los que la indefensión se convierta en una dificultad importante se requerirá ayuda psicológica profesional. Aquí os dejo, algunas ideas con las que se puede trabajar en familia, de forma suave i divertida:

1.- Ayudar a encontrar aquellas cosas de las que sí es capaz (reforzamos así la idea contraria, la idea de ser capaz de hacer muchas cosas aunque algunas no nos salgan tan bien).

2.- Demostrarle que nosotros nos equivocamos a veces también en algunas cosas y que aún así lo seguimos intentando. Sería muy divertido hacer algo así como “el juego de los errores”…  Proponiendo a las otras personas hacer algo que les resulte muy complicado pero que sea asumible con la ayuda de los otros miembros, que en un primer intento no salga bien y que más adelante se pueda conseguir. Así tenemos la oportunidad de enseñar formas correctas de asumir los errores y de seguir luchando.

3.- Generar un “árbol de los deseos” con las cosas que a cada uno le gustaría ir mejorando (así tendremos una idea de qué cosas son las que considera que se le dan peor y podremos buscar maneras de ayudarle en esas cosas concretamente).


Hay un montón de técnicas y actividades que pueden ayudar a disminuir la indefensión aprendida y que pueden ser muy divertidas para practicarlas en familia, pero diría que a nivel general, estas son las que se pueden adaptar a un mayor número de familias diferentes y de edades diferentes.

Espero que hayáis disfrutado el cuento y si os apetece practiquéis alguna de estas ideas en casa.

Anaïs Cerrillo.

lunes, 21 de julio de 2014

El Bambú Japonés.

Muchos de los procesos que hacemos no son visibles a simple vista, muchos de estos procesos requieren de otros que los sustenten, al igual que para construir la parte visible de una casa debemos construir gran parte de estructuras e instalaciones que luego no se ven... Pero vivimos de forma muy acelerada, esperándolo todo para el momento presente, sin dejar tiempo a algunas cosas que verdaderamente importan. 

Hoy quiero compartir con vosotros este cuento, que habla de la importancia de la espera, de cómo muchas veces lo que vemos es sólo la punta del iceberg de todo lo que se produce y que en general, deberíamos tener más paciencia con nosotros mismos y con los demás, también he añadido algunas actividades que podemos hacer a raíz de la lectura de este cuento así cómo algunos ejercicios que podremos hacer que ayudan al desarrollo de la paciencia, y al manejo y control de la impulsividad. Además son actividades en las que se puede disfrutar conjuntamente, lo cual favorece el vínculo. Son ejercicios bonitos y sencillos que ayudan a disminuir la impulsividad, a comprender los procesos naturales y a aprender a vivir de otras maneras.. espero que disfrutéis del cuento! 



No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita sea!Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:
Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece
¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…

Tenemos prisa con el crecimiento de nuestros hijos, prisa cuando conducimos... nosotros mismos hacemos las cosas con prisas... no se sabe bien por qué…

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá solo estés echando raíces….

Actividades que se pueden hacer en relación a la lectura 

(Será necesario adaptar las actividades al nivel de desarrollo y de introspección de las personas con las que las realizamos, pero en líneas generales aquí os propongo algunas sugerencias!):

1.- Pensar sobre qué les sugiere el cuento (se puede ayudar a buscar una palabra que resuma la esencia, hacer un pequeño resumen..).

2.- Ayudar a buscar ejemplos en su vida en los que les haya pasado algo similar a lo sucedido al bambú japonés... incluso que cosas propiciaron que el crecimiento fuese "por dentro", que cosas les ayudaron, cuales les dificultaron...

3.- Reflexionar sobre si esto podría suceder también a otras personas (se puede acompañar de ejercicios de empatía con personas cercanas en caso de que estén pasando por procesos de crecimiento o cambio interior importantes...).

Otras actividades que se pueden hacer para cultivar la paciencia y disminuir la impulsividad:

Hay muchas actividades que se pueden hacer para ayudar a los peques a controlar la impulsividad excesiva, muchas de ellas son actividades que podemos llevar a cabo en casa, en familia, de forma lúdica y divertida y en algunos casos en los que la impulsividad se convierta en una dificultad importante se requerirá ayuda psicológica profesional. Aquí os dejo, algunas ideas con las que se puede trabajar la impulsividad en familia, de forma suave i divertida:

1.- Plantar una flor, o una planta que dé frutos cómo una hortaliza, verduras... (esto puede ir bien también para niños que no quieran comer mucha verdura...!!) en familia se organizará un "planing" para cuidar a la planta, se observará el proceso lento y natural de desarrollo del vegetal y se aprenderá que muchas veces las cosas llevan su propia velocidad.

2.- Hacer recetas juntos: hay recetas sencillas, cómo el pan, algunos pasteles, etc. que son divertidas para ser elaboradas con los niños, en las recetas el tiempo que necesitan los alimentos (para fermentar, para cocerse...) no se puede variar, se debe aceptar el tiempo natural, además después de la elaboración y de aprender a esperar está la gratificación de poder comérselo!

3.- Contar un cuento "por fascículos" al estilo de las mil y una noches, poco a poco se van descubriendo nuevos acontecimientos, pero para poderlos descubrir debemos esperar que llegue el siguiente ratito de contar cuentos...

Hay un montón de técnicas y actividades que pueden ayudar a disminuir la impulsividad y que pueden ser muy divertidas para practicarlas en familia, pero diría que a nivel general, estas son las que se pueden adaptar a un mayor número de familias diferentes y de edades diferentes.

Espero que hayáis disfrutado el cuento y si os apetece practiquéis alguna de estas ideas en casa.

Anaïs Cerrillo.

jueves, 17 de julio de 2014

Las situaciones díficiles

Hay multitud de situaciones difíciles, ya sea porqué son extremadamente complejas de resolver o porqué implican una pérdida y por tanto la elaboración de un duelo. 

Estas situaciones pueden ser muy diferentes entre ellas ja que suelen aparecer en diferentes momentos vitales, tienen características diferentes, etc. Pero las formas de actuar de las personas frente a ellas (en líneas generales) sí que se pueden parecer.



De una forma muy resumida y para que resulte sencillo de entender yo siempre explico que hay dos formas de enfrentar estas situaciones. Si vemos la dificultad cómo una fibra de lana (seguramente habrá dificultades que sean fibras más pequeñas y otras con las que casi podríamos hacer un ovillo!) habría quienes guardarían esa dificultad en una caja para no ver la madeja y luego estarían también la tejedoras.

"Las tejedoras" elaboran, es decir, cogen la dificultad, que en principio era algo negativo, y trabajan con eso para convertirlo en algo integrado, en algo que sea productivo e incluso que puede llegar a ser útil. Es necesario advertir que esta elaboración no tiene porqué ser inmediata, algunas guardan primero un tiempo estas fibras mientras piensan que harán con ellas. Además, también veremos que para convertir la dificultad en algo integrado será necesario tener herramientas, conocimientos, experiencias, todo ello nos puede ayudar a que más o menos nos podamos defender en la construcción de algo positivo a partir de una experiencia negativa.

Cerrar la caja a priori parece mejor solución; es más rápido, más sencillo parece más indoloro... pero luego esa caja se suele convertir en un lastre, en un peso que siempre llevamos encima, como el corazón delator, en algo que puja por salir y nosotros debemos hacer esfuerzos por ocultar. Convirtiéndose al final en una opción mucho más díficil de sobrellevar.

Este es uno de los temas más recurrentes en la terapia, están quienes quieren aprender a manejar y a elaborar, y quienes no lo han hecho y vienen con la una caja muy pesada sobre sus hombros. Mi labor se basa en intentar que se encuentren las lecciones necesarias para elaborar aquello, en ayudar a conseguir las herramientas y cuando traen consigo una caja pesada, en ir sacando poco a poco y de forma ordenada (para que no se líen) las pequeñas fibras y las madejitas que se hayan ido formando, pero siempre, el que da las puntadas para elaborar sus circunstancias es el paciente.

Anaïs Cerrillo.

martes, 15 de julio de 2014

Los cimientos de la inteligencia emocional.

Las emociones son una parte muy importante de nuestra vida, ya que todo lo que vivimos lo vivimos en función de cómo lo sentimos. Aprender a gestionar estas emociones, poder controlar su intensidad, diferenciar y disfrutar de sus matices, etc. se está convirtiendo cada vez más en un punto de interés tanto para gestionar las propias emociones cómo para aquellos interesados en ayudar a otros a gestionar las suyas (padres, madres, cuidadores y docentes).



Podría ocupar multitud de paginas explicando millones de cosas sobre la inteligencia emocional, ya que es uno de los muchos temas que me apasiona, y cuando hay pasión...  Pero en esta entrada intentaré hablar del "núcleo" de los "cimientos".

Estamos biológicamente preparados para procesar la información, no sólo de forma racional, sino también de forma emocional, estructuras cómo la amígdala se encargan de ello; además, la información que procesamos de esta forma tiene un peso especial, ya que se procesa más rápido, se memoriza más fácilmente, etc. (Por ejemplo, nos es más sencillo recordar si algo que nos dijeron nos dio rabia que lo que nos dijeron concretamente). Sin embargo cómo sociedad no le hemos dado la suficiente importancia a las emociones, nos hemos centrado mucho en el procesamiento racional, en la lógica, el orden y la razón, muchas veces pasando por alto el sentimiento. Es más, hasta hace poco, casi toda la formación iba dirigida ha educar en este sentido: hacer procesos lógicos y racionales, sin haber ninguna o casi ninguna alusión a cómo poder aprovechar todo esto que sentimos para estar mejor. Es por eso que durante mucho no se ha enseñado a gestionar las emociones de forma respetuosa; (no quiero que se me entienda mal, si que había "métodos" de control emocional, pero no en su mayoría no eran de gestión, sino de represión o negación: por ejemplo todos conoceremos frases del tipo "No llores"...)  y ahora, qué queremos gestionarlas y que queremos enseñar a gestionarlas, nos falta un poco de información.

Aparte de las estructuras biológicas que sirven de "núcleo". También tiene que haber unos "cimientos", estos cimientos se tienen que ir construyendo, y se construyen socialmente; a través de la educación, en el día a día, en las relaciones con otras personas... Las primeras bases de estos cimientos se sustentan en el reconocimiento y en la asociación de cada emoción con su nombre. 


El reconocimiento es el punto de partida, si no sé lo que me pasa, no podré explicarlo a nadie, y si no lo puedo explicar (para lo cual necesito ponerle un nombre y que los demás reconozcan ese nombre con un significado) no me pueden ayudar a gestionarlo. 

Hay diferentes estrategias que ayudan a facilitar el reconocimiento emocional, así cómo diferentes formas de enseñar los nombres de las emociones y asociarlos; algunas de ellas pueden ser muy lúdicas. Pero para esto hay que tener en cuenta el nivel de desarrollo y las características de cada niño ya que no a todos les vamos a enseñar las mismas cosas ni de la misma manera. 

Generalmente suelo hacer bastantes charlas sobre temas relacionados con la inteligencia emocional, sobre las estrategias para ayudar a desarrollarla, etc. Para poder asistir sólo tenéis que estar atentos a la pestaña de eventos del facebook, en la cual voy añadiendo lo que voy a hacer y los lugares en los que lo hago.

Anaïs Cerrillo.  

viernes, 11 de julio de 2014

¿Porqué se llama el Baobab?. Psicología en Mollet.

Tardé mucho en elegir el nombre un nombre para el centro de psicología; pero cuando vi este vídeo me decidí rápidamente; me gustó mucho la idea de que el nombre fuese el nombre de un árbol; en algunas corrientes psicológicas en las que valoran las técnicas proyectivas, muchas veces se usa el dibujo del árbol cómo una interpretación de uno mismo. Me pareció genial que pensaran que el Baobab “crecía del revés”, me pareció genial que fuese sagrado, que pudiera almacenar tantas cosas en el interior y que dijeran que las flores salían en las raíces.

Me recordó mucho a la mayoría de los casos que he llevado; las raíces, aquello que cogemos de nuestra familia, aquello que nos da la fuerza para crecer, es ahí donde deben estar las flores, porqué los lazos familares, cuando son de amor incondicional, son también los más bonitos. Es curioso que estás flores se abran sólo de noche, y me recuerda también a las personas, generalmente paseamos por la vida enseñando unas características de nosotros, aquello que consideramos bello o socialmente aceptable, y muchas otras características que no consideramos tan positivamente las ocultamos y sólo las enseñamos cuando la intimidad lo permite (en relaciones muy estrechas, en casa, o solamente se conocen de forma individual), sin embargo, aquellas cosas que consideramos no tan bonitas, para mí son también flores; son cosas preciosas dignas de ser sentidas y dignas de compartir.


Me recordó mucho a la mayoría de los casos que he llevado; las raíces, aquello que cogemos de nuestra familia, aquello que nos da la fuerza para crecer, es ahí donde deben estar las flores, porqué los lazos familiares, cuando son de amor incondicional, son también los más bonitos. Es curioso que estás flores se abran sólo de noche, y me recuerda también a las personas, generalmente paseamos por la vida enseñando unas características de nosotros, aquello que consideramos bello o socialmente aceptable, y muchas otras características que no consideramos tan positivamente las ocultamos y sólo las enseñamos cuando la intimidad lo permite (en relaciones muy estrechas, en casa, o solamente se conocen de forma individual), sin embargo, aquellas cosas que consideramos no tan bonitas, para mí son también flores; son cosas preciosas dignas de ser sentidas y dignas de compartir.


Luego tiene un tronco gigante, en el que puede llegar a almacenar muchos litros de agua; me parece precioso, es para mí una metáfora de la resiliencia; la capacidad de superar situaciones difíciles y salir fortalecido. Si durante todo un verano no llueve, el baobab tendrá que usar el agua de su tronco para superar esa situación tan complicada, pero tras pasar el verano, cuando lleguen las primeras lluvias, el baobab no sólo habrá sobrevivido sino que es probable que haya crecido un poquito más y esto le permita guardar aún más agua en su interior. Pero tenemos que tener en cuenta que para que se pueda tener esta reserva primero el agua tiene que haber caído. ¡En la vida de las personas hay tantas cosas y sobretodo tantas personas que actúan cómo agua! Es agua cuando una madre da un beso a su hijo, cuando una pareja se abraza, cuando alguien te anima a seguir adelante, cuando un profesor te enseña, cuando tu hermana te limpias las heridas para que puedas seguir jugando… Todo esto es lluvia que cada uno puede guardar en sus reservar, y que nos ayudará a poder seguir creciendo en los momentos de sequía.

Y finalmente las ramas, grandes y generando formas extrañas, que con sus “manos” acarician el cielo, las ramas se interpretan cómo las relaciones, las del baobab dan hojas que son útiles para realizar infusiones con propiedades curativas, pero a veces, si crecen demasiado, pueden tapar la luz a otros árboles más pequeños. De la misma manera las personas, podemos generar relaciones ricas, curativas, sanas y agradables o relaciones que impidan el crecimiento de los demás.


Creo que todo esto fue fundamental para decidirme por el nombre de este árbol tan característico.

El Baobab, a menudo llamado “El árbol de la vida”, es un árbol que consideran sagrado en muchos países y poblados de Àfrica Central; se trata de un árbol gigante que puede llegar a medir más de 30 metros de alto y tener más de 12 metros de diámetro. Además puede llegar a vivir más de 3.000 años.
En su tronco, el baobab puede llegar a almacenar hasta 100.000 litros de agua, cosa que en África Sub-Sahariana es un verdadero tesoro.
El baobab tiene unas flores que sólo se abren por la noche, cuando el sol se oculta y el mundo se vuelve más íntimo
Las hojas, los frutos y las semillas del Baobab son fuentes de las cuales se extraen elementos curativos.
Hay miles de leyendas alrededor de este árbol tan peculiar (yo comparto la que me hizo conocerlo, una historia sobre el duelo).


Anaïs Cerrillo.

martes, 8 de julio de 2014

La adaptación a la guardería

Hace algunas semanas un grupo de madres me preguntó sobre el tema de la adaptación a la guardaría y la ansiedad de separación; quedamos que cuando pudiera haría un pequeño artículo sobre ello, basándome en la charla que suelo hacer de este tema (que está mucho más ampliada).

Sobre todo hay que tener en cuenta que estos que explicaré son aspectos generales, consejos que suelen ir bien, pero cada niño es especial y diferente y sigue su propio ritmo de desarrollo y cada familia es especial y diferente y tiene sus propias características, esto puede explicar que los consejos generales no siempre se ajusten a cada situación.

Casi siempre que hablamos de adaptación nos centramos en el proceso del niño al cambio pero hay que tener muy presente, que la adaptación real incluye muchos más procesos (cómo mínimo son 3). Hay un profesor que se adapta a un niño (o más) nuevos, hay un niño que se adapta a un montón de cambios nuevos y hay nos padres que también se tienen que adaptar a una nueva situación. Yo hablaré de estos dos últimos procesos.

1.- Respecto al niño:

En primer lugar tendremos que tener en cuenta que aprendemos a vivir a partir de la experiencia de la vida misma, de la misma forma, aprendemos a tolerar los cambios conforme vamos experimentando cambios vitales. Pensando en esto sabremos que para un niño un cambio es mucho más complicado de lo que lo puede ser para un adulto. Si hacemos un ejercicio de empatía con ellos lo veremos claro.

Hay muchas más maneras y muchos momentos para que los niños expresen que están en desacuerdo con que sus padres se marchen; lo más habitual suele ser el llanto, las rabietas y la timidez social, sobretodo en el momento en que los padres se van a marchar. Sin embargo hay otras manifestaciones menos frecuentes cómo son las alteraciones del sueño, los cambios en el estado de ánimo, el resurgir de los celos o la envidia, o los mismos que habíamos comentado antes (rabietas, llanto… pero fuera del nuevo entorno), alteraciones alimentarias, alteraciones del sueño, mayor labilidad emocional, estado de ánimo más bajo de lo habitual, tendencia a mostrar mayor dependencia afectiva de los padres, vómitos o retraso en el desarrollo (especialmente el lenguaje). Estos procesos son más complejos; y no son simples manifestaciones de desacuerdo, son expresión de un estado emocional más intenso; en algunos de estos casos se hará necesaria una valoración y atención psicológica individualizada.

Respecto a las edades de la adaptación veremos que por las características generales del desarrollo, hay edades que facilitan más la adaptación mientras que otras suelen presentar conflictos adicionales. En líneas generales, el mejor momento evolutivo se encuentra entre los 2 y los 4 años de edad, y los momentos que pueden suponer más dificultades adicionales se encuentran en torno a los 8 meses de edad.

2.- Respecto a los padres:

Hasta el momento de la adaptación, ese pequeñín ha estado en una familia, en la que seguramente cómo mínimo en uno de sus miembros, una de las actividades principales debe haber sido la de cuidar al nuevo miembro, hacerse cargo de sus necesidades, atenderle, etc. Toda la familia y en especial el cuidador principal deberán también adaptarse a esta nueva situación.

La adaptación no es fácil tampoco para esta parte, ya que aunque sí tienen experiencia en superar muchos más cambios en su vida, en este la activación emocional que se experimenta es muy fuerte, y esto dificulta que se puedan usar las estrategias que se hayan ido adquiriendo en los diferentes cambios vitales. Los vínculos están evolutivamente diseñados para ser mantenidos y esto supone sensaciones muy fuertes por parte de los padres al tener que dejar a sus pequeños al cuidado de otras personas.

Es muy importante que los padres confíen en los nuevos cuidadores y que confíen en los recursos del pequeñín para adaptarse al cambio, así como en sus propios recursos para superar la fuerte activación emocional que supone así cómo los sentimientos de culpabilidad que frecuentemente experimentan.

La confianza y la tranquilidad de los padres ayudará a que los hijos puedan tener actitudes más tranquilas y confiadas.

Para esto deberemos tener muy presente qué significa la adaptación en sí, intentando centrarnos en la parte positiva, encontramos que la adaptación es un proceso de cambio y que ayudará a que en el futuro se desarrollen más estrategias de cambio, es también un proceso madurativo en el sentido de que se expande el mundo relacional del pequeñín así como su repertorio de actividades y la estimulación que recibe.

Consejos generales:
Hay algunos consejos generales que nos pueden ir bien de cara a ayudar a que la adaptación sea más sencilla cómo los que enumero a continuación:

-          Ser respetuoso tanto en las salidas cómo en las entradas, esto significa despedirse brevemente (no huir a escondidas), y llegar puntual a la hora de recogida.
-          Es probable que los niños necesiten más contacto durante el período de adaptación.
-          Mostrar seguridad y serenidad.
-          Mostrar interés por aquellas cosas que nos explique sobre lo que ha estado haciendo, etc.
-          Que la adaptación sea progresiva.
-          Que el ambiente sea cálido y acogedor y la relación con el cuidador de confianza y contacto.
-          Tener en cuenta que cada caso es diferente y lo que a uno le puede ir bien a otro puede no resultarle igual, cada niño es diferente y cada familia también por eso no hay que comparar y hay que respetar los ritmos de cada uno.
-          No añadir cambios adicionales hasta que no se haya adaptado completamente al cambio anterior.
-          Intentar aplicar antes en casa las mismas rutinas y horarios.
-          Intentar llegar a la guardería o al colegio sin prisas, y sin los nervios adicionales que comportan, e intentar siempre que sea posible que el niño entre por su propio pie.


Hay que recordar que el proceso de adaptación puede acabar convirtiéndose en un proceso muy rico y una experiencia positiva, uno de los primeros pasitos hacia la ganancia de la autonomía y un logro más para toda la familia. Las claves son: apoyar, confiar y dar el tiempo necesario. 

Anaïs Cerrillo.